Joomla! LogoPaco López Albert es un joven y consagrado artista, cuya dilatada trayectoria profesional resulta , sin embargo, desconocida para el gran público.
Mi desembarco en el mundo de las fallas en Valencia se produce en el año 1993 cuando contaba con veinte años. Pero todo comenzó mucho antes; con doce compaginaba séptimo de E.G.B. con una actividad fallera militante en la comisión del Mercat de Picassent, una falla de barrio que se encontraba cerca de donde yo vivía.
¿De dónde te viene esta pasión por las fallas? Mi pasión se gestó en esa comisión, a la cual me apunté porque me atraían la fiesta y los monumentos. En ella, fuera de las horas escolares, realicé decorados de presentaciones y otros trabajillos falleros. Mis padres artísticos han sido los hermanos Sanz, grandes pintores murales y directivos de esta comisión. Ellos, al margen de su horario laboral, un año en que no había mucho presupuesto, se comprometieron a realizar la falla infantil. Empezaron a comprar cartón a Vicente Agulleiro y a su hermano Paco. En aquellos momentos, cuando terminaba mi jornada escolar iba a verlos quedándome muchas veces, lo cual me reportaba la preceptiva bronca de mis padres por no hacer los deberes. Poco a poco, junto a ellos, fui aprendiendo el oficio. Y llegó el año 1987 ,en que no pudieron realizar la falla y yo les cogí el testigo. Me dieron la oportunidad desinteresadamente. Hice mi primera fallita comprando el cartón y pintándola yo. Al año siguiente la comisión confió plenamente en mi y me la encargó. Fue la primera que cobré (unas doscientas mil pesetas). Cuando llegó este encargo me planteé tener mi propio taller. Disponía de una casa antigua donde se había criado toda mi familia y que en esos momentos servía de almacén a una empresa de electrodomésticos. Me lo arreglé y allí, entre cajas de televisores y lavadoras comencé a realizar mi primera fallita, la cual ya fue un primer premio, un buen presagio. Tenía diecisiete años.

¿Y tu familia, que papel desempeñó en tu formación. Tienes antecedentes artísticos en ella? No, en ésto soy un caso aislado. Siempre he sido muy autodidacta. Cuando iba al colegio ya destacaba por mis dotes artísticas. Realizaba los murales, era algo natural, algo innato. De hecho, al principio, en mi casa no vieron con buenos ojos que construyera fallas, preferían que siguiera estudiando. Además coincidió con la apertura del negocio de pastelería de mi familia y querían que estuviera con ellos. Pero después me han apoyado siempre.

¿Pensaste desde el principio dedicarte seriamente a ello o tomaste las fallas como trampolín para darte a conocer y desembarcar en otros campos creativos? Desde el primer momento me enamoré de las fallas. A ellas entregué mi juventud, lo cual me ha permitido llegar donde hoy estoy. Pero en un principio no pensé en lograr lo que tengo ahora, ni soñarlo. Ahora no me conformo, pienso que forma parte del camino.

Una persona es el resultado de la formación que ha recibido y de la experiencia que ha adquirido. ¿Cuál fue tu formación como artista? Finalizada mi etapa escolar asistí de oyente a Artes y Oficios hasta tercero. Siempre fui de esta manera porque hice la prueba de acceso y no me la aprobaron. Allí aprendí la disciplina de ir solo, de levantarme temprano, de pasar los fines de semana en el taller. Posteriormente salí de la comisión del Mercat y aterricé en 1990 en la del Carrer Nou de Picassent para la que hice la falla infantil. En esa época ya me buscaban comisiones de Silla, Catarroja,... en donde triunfé muchas veces, lo que me permitió ser independiente económicamente de mis padres. Todo ello se paralizó, pues con diecinueve años marché al servicio militar. Me destinaron al Morrón de Sierra Espuña (Murcia). Ese año lo guardo como un grato recuerdo pues logré compatibilizarlo con mis creaciones e ilustraciones. Me encargaron, incluso, que realizara la metopa del centro UCT5 de Murcia. Después, en 1992, volví a mi comisión de Carrer Nou donde planté una buena falla infantil. En 1993 hice las pruebas de acceso al Gremio de Artistas Falleros examinándome Pepe Martínez Mollá y plantando mi primera falla de examen en Obispo Amigó. La segunda de examen fue el primer premio de Especial. Después hubo un parón porque me fui a la factoría Lladró, donde viví mi despertar artístico real.

Pepe Puche se interesó por mi, tras la victoria en Obispo Amigó y me dijo que tenía una buena edad para acceder a Lladró. Me costó decidirme porque suponía un freno en mi carrera (una de las condiciones para entrar era que tenía que dejar las fallas). Me convenció Alberto Rajadell. Pasé las pruebas de acceso, siendo el único artista fallero que se presentaba ese año .Coincidí con un jovencísimo José Santaeulalia. Mi etapa en Lladró, que duró dos años y medio, fue muy positiva. Las jornadas laborales eran muy duras, ya que tras ocho horas de estar allí me iba al taller a terminar mis fallitas para los pueblos. El segundo año se me renovó la beca pero accedí con la condición de que pudiera firmar fallas de Especial.

¿Quiénes fueron tus modelos, que maestros consolidaron tu forma de concebir las fallas? Cuando estaba en la comisión del Mercat, entré en contacto con Paco Agulleiro, quien pidió a los hermanos Sanz que le fueran a ayudar, pues iba un poco apretado de trabajo. Con ellos fui yo coincidiendo con unos jovencísimos Juanjo Codina, Lázaro Chuecos, Juan Carlos Molés y Alberto Rajadell, un verdadero crisol de artistas. Allí me subí por primera vez a un andamio, junto a Codina, para pintar una grupa enorme. Posteriormente ,durante mi etapa de fallas infantiles (años 90), me influenció mucho Pepe Puche y la pintura de Julián Almirante y Agustín Villanueva.

Los años 90 fueron los tuyos como artista infantil. Unos años de grandes producciones adornados con premios en la sección Especial y ninots indultats.

En la falla Carrer Nou de Picassent se encontraban los hermanos Roig, que formaban parte activa de la falla Obispo Amigó. Me propusieron realizar una fallita en la sección Primera. Se llamaba “Un tresor al fons del mar” y con ella gané el primer premio de la sección Primera y el ninot indultat (“La sirenita” 1993). Ese mismo año planté en sección Segunda en Quart-Palomar, consiguiendo un segundo premio. Fue un gran éxito. En 1994 fui con Obispo Amigó a la sección Especial realizando “Un Jardín de fábulas”, donde gané mi primer premio de Especial, volviéndome a llevarme el ninot indultat (“Marciana juntaglobos” 1994). Durante aquellos años me apoyaron mucho Miguel Calap y Paco Bertomeu, presidentes de la falla, quienes apostaron por mi. Ese mismo año empezó a trabajar conmigo Francisco Genestal, y me constituí en empresa formando parte del Gremio de Artistas Falleros. Es durante mi etapa Lladró cuando firmé por Archiduque Carlos-Chiva (1996) gracias a Pepe Sancho. Una falla muy importante para mi pues era la falla del regreso del “descanso”. Se llamaba “Jugando con el espacio”. Marcó un antes y un después, una producción polémica por sus dimensiones. La idea de esa falla fue mía pero me ayudó a matizarla Ricardo Punter , con una intervención nimia de Paco Santana. Gané, por segunda vez, el primer premio de Especial. Firmé con ellos también al año siguiente donde quedé segundo y en 1998 me fui a Convento Jerusalén de la mano de Juan Armiñana para hacerles la fallita infantil.

Pero, ¿fueron un trampolín para desembarcar en las fallas grandes? No, en ningún momento, yo iba paso a paso. ¿Con que artista infantil te identificabas en aquella época? Uno de los maestros que me más me impactó fue Joan Canet, al cual conocí durante su etapa en la comisión de Espartero. No me olvidaré nunca de la imagen de las tailandesas que realizó para Na Jordana y que me enseñó recién acabadas...

Con el transcurrir del tiempo asentamos experiencias y sintetizamos errores; analizándolas con la perspectiva que da el paso del tiempo ¿lograste alguna producción de la que estés verdaderamente satisfecho? Sin duda, la segunda falla infantil para Archiduque Carlos (1997 “Un viaje a los mares del sur”). Fue mi producción más académica. Mi mejor falla técnicamente, con grandes estudios anatómicos, en donde conté con la colaboración de Alfredo Llorens, Paco Genestal, Fede Ferrer y Silvia Antón. Fue una gran decepción no ganar.

Posteriormente se produce tu salto a las fallas grandes con la comisión de Malvarrosa. En 1999, Pepe Puche, que estaba haciendo Malvarrosa, quiso descansar y me propuso como su sustituto; decisión desafortunada porque yo iba de segundo plato. Fue un año muy difícil pues pasamos de tener una infraestructura de infantiles a grandes. Después de cinco días diluviando mi falla se cayó y éso lo aprovechó la comisión para quedar mal conmigo. Durante mi estancia allí Paco Segura y Jesús Barrachina me convencieron para que hiciera la falla grande de Convento en 2000.

Tu obra se asienta sobre la base de la colaboración... Soy muy consciente de mis limitaciones, que las tengo y muchas, y es ahí donde te tienes que apoyar en gente que te aporte. Es a partir de 2000, cuando gano mi primer premio grande en Convento (“L’encantament”), cuando surge el tema de la amistad con Paco Santana. Él sugirió el remate que ya estaba empezado del 2000 aunque no trabajó en aquello. Quedamos para colaborar en la falla del año siguiente, 2001 (“Descobriments del segle XVIII”). Entonces diseñó una falla apta a mis características como artista. Él me inculcó el querer llegar más allá.

En 2000 desembarcas en la Especial de la mano de Convento Jerusalén que apuesta por ti. Tu les respondes ganando el primer premio a la primera inaugurando un ciclo de dos años donde te conviertes en el artista a batir. Cuando llegué a Convento en 1998 tuve que demostrar todo mi buen hacer. Traté de ganar con “L’andana” pero volví a conseguir un segundo premio. En 2000 les hice la falla grande y gané. A partir de entonces entramos en una etapa nueva.

¿Piensas que eres tan sólo la punta del iceberg de una nueva generación o caminamos hacia una dualidad Santaeulalia-López? Hay cosas que son modas y otras que no. Se pueden acabar las modas y que aparezca alguien más. Pero nosotros no somos una moda. Estoy esperando a que alguien más despunte pronto.

Después de los grandes triunfos llega de nuevo la decepción en 2002, donde “sólo” se consigue un tercer premio. Llegamos al tercer año consecutivo en la Especial con “50th street & Broadway” en 2002. Cumplí mi sueño al realizar una falla sobre el musical, del cual soy muy amante. Paco Santana ideó esa falla para acallar las voces que decían que Paco López sólo sabía hacer puntillas. Tratamos de romper con el estilo del año anterior y de sorprender a todo el mundo; quizá fuimos más allá y no me di cuenta de lo cansado que se encontraba mi equipo y yo mismo. Hubieron muchas equivocaciones y problemas ajenos al taller que nos afectaron. Realizamos un remate extraordinario y unos bajos sin sentido. Aquello fue un fracaso con un tercer premio que a mi no me sirvió. Fue un gran proyecto al que le faltó ilusión y descanso.

Algunos de vosotros os tomáis años sabáticos de la Especial. ¿Tanto os absorbe la categoría? Después de “50th street & Broadway” paramos. En 2003 no hice Especial y proyecté una falla de Primera A en Almirante Cadarso (“Mater Anfitrite”), en Primera B en Federico Mistral- Murta ( “Descobriments del XVIII”) y en Tercera A en Maestro Gozalbo (“50th street & Broadway”) donde gané. Fue un año mucho más laxo. Entonces medité mi falla del retorno a Convento, donde tenía firmado un año más. Hay veces que te tienes que dar tiempo y pensar en otras cosas porque el mundo de la falla hace que seas muy esclavo del taller.

Vuelves en 2004, tras un año de descanso , con ideas renovadas y sin Paco Santana. Aplicas a tu proyecto sobre la “coentor” una desbordante locura estética. Paco y yo rompimos debido a un desencanto en la relación. Las fallas suponen un gran desgaste y el precio a pagar es muy alto. Volví a la comisión de Convento para plantar mi falla más genuina. Estuvo conmigo Alberto Rajadell, quien me liberó en la escultura pudiéndome dedicar preferentemente a la pintura .Hubo un gran desarrollo estético que trató de cautivar al espectador. Una falla sobre la coentor donde me puse yo mismo y lo critiqué. Concebí una falla popular, que le gustó a toda Valencia. Fue mi proyecto más personal, más libre y más López en uno de los años que más he disfrutado. Sin embargo le faltó contenido.

Da la impresión que fue concebida para una comisión en concreto, Convento, que no se hubiera materializado en ningún otro sitio. ¿te influye el tipo de comisión a la hora de plantear el proyecto? Sí, marca mucho . Es muy importante que te dejen trabajar, que te den tranquilidad, seguridad y confianza. En cualquier otra comisión el proyecto no hubiera sido el mismo. Soy consciente de que mi falla es cuestionada, fotografiada y más vista que otras. Mi falla es de visita obligada porque es la falla típica de toda la vida en Valencia y ésa es una carta que tengo que jugar. Y hay muchos artistas que no están dispuestos a cumplir esta faceta. A mi me viene muy bien Convento pero es verdad que en otro emplazamiento mis proyectos hubieran sido diferentes. Allí me han enseñado a no valorar tanto mi trabajo y sí el de mi equipo, a saber estar arriba pero también abajo.

Este año de 2005 ¿intentará Paco López asaltar el cetro de la Especial nuevamente? Ésta va a ser la segunda parte de “Descobriments del segle XVIII”. Con ésto quiero decir que va a haber mucha estética al estilo Convento pero también mucho guión con gracia. Partimos de una idea mía, que viene de mi pasión por el mundo del antiguo Egipto, y la llevamos a una escenificación de opereta burlesca. Después se incorporó Paco Santana, lo cual significa su vuelta a las fallas. Vamos a contar la historia de una dinastía de faraones un tanto atípicos. El lema de la falla es “La disfunció del faraó”. La sátira que va a contener no será una excusa para realizar una crítica social. Es una falla de mucha composición que está concebida para reirse.

¿Y que nos deparará el futuro? Éste va a ser mi segundo año consecutivo en la Especial y ello conlleva una gran presión. Estar de cabeza de león es muy sufrido y la cabeza pide descanso. Por lo tanto,...

¿El Ayuntamiento para cuando? No he visto nunca oportuno presentarme y por ahora ni me lo he planteado. No digo que un año, para descansar, haga el Ayuntamiento. Pienso que es una cosa que está ahí y que llegará.

Toquemos el tema de nuestras fiestas hermanas de Alicante, (pues es allí donde Paco desarrolla su trabajo después de fallas). ¿Te sientes identificado con el monumento alicantino? Soy artista foguerer desde 1994. He plantado seis fogueres infantiles en sección Especial en Carolinas Altas, de las cuales cuatro han sido el primer premio. Debuté en monumentos grandes en 1998 en el Ayuntamiento de Alicante. Con el paso del tiempo me he consolidado y soy muy respetado porque yo también les respeto. Respeto en el sentido de no imponer lo que ellos no quieren ver. Les fogueres son otra cosa. Hoy día estoy haciendo Especial y Primera.

Allí se apuesta por proyectos que privilegian estética sobre contenido y sin embargo tu los dotas de mensaje. ¿Ello te ha penalizado en la decisión de los jurados? El tema de los jurados en Alicante está peor que en Valencia pero yo no puedo hablar mal porque a mi siempre me han dado buenos premios exceptuando este año cuando me dieron un octavo en una decisión que prefiero no valorar.

…Y el futuro se hizo presente y el proyecto de “la disfunció del faraó” se plantó, obteniendo el segundo premio de la sección, abriendo el futuro a la celebración del cincuenta aniversario de la comisión de Convento en la sección Especial. Para celebrar la efeméride se volvió a contar con Paco López, que con un proyecto ideado por Paco santana se atrevió a desafiar al gigante de Nou Campanar. “Bodes d’or i l’or de les bodes” fue un grandioso desafio para el taller del maestro de Picassent y que obtuvo un tercer premio de la categoría de oro, y que realmente no colmó las aspiraciones de una comisión y un artista que solo trabajaron para ganar. Fue el proyecto más voluminoso que nunca se vio plantado en el cruce de Convento- Jerusalén. Pero esta decepción no suspuso el fin de la relación entre Paco López y la comisión presidida por Jesús Barrachina. En 2007 se cambiaron varios engranajes que no habían funcionado. Paco Santana abandonó el equipo de Paco López y éste retomó un proyecto ideado por José Luis Santés, en donde colaboraron Javi Tejero y Miguel Prim, que desde ese momento se conformaron como un equipo de guionaje de futuro para plantar “No hay mar que por bien no venga”, logrando un merecido segundo premio de la sección especial y el ninot indultat de Valencia con la figura del “homenatge a Sorolla”. Se amortizaron los esfuerzos invertidos consiguiendo lo máximo, dada la hegemonia presupuestaria de Nou Campanar. Se repitió planteamiento en 2008, pero esta vez fue el mismo Paco López quien asumió totalmente su proyecto “Facen foc, senyors. El objetivo era revalidar el subcampeonato y el ninot indultat, lográndose ambos con la figura de “Concha Piquer”, que causó sensación en toda Valencia y que supuso la consagración como artista de Paco López. Y llegamos al año 2009, y con él Pepe Puche, que se unió al grupo para aportar su experiencia y su calidad como maestro del arte efímero. Y con él, la obra más intimista y popular de Paco López, “Falles.som” una visión crítica del mundo de las fallas y en donde el maestro-pintor se entregó en cuerpo y alma. Con este proyecto se consiguió un tercer premio que no colmó a nadie pero que espoleó al equipo para plantearse ir a por todas con “Rumbo al paraiso” en 2010. Un proyecto que supondrá un punto de inflexión en la carrera del maestro de Picassent y el comienzo de una nueva época. Un proyecto pensado para ganar y que esperamos convenza a todo el mundo (sobre todo al jurado). ¡Nos vemos en la plaza!

JAVIER TEJERO